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¿Cómo anunciar la muerte de un ser querido a un niño?
¿Cómo anunciar la muerte de un ser querido a un niño?
El abuelo no está más… ¿Cómo anunciar su fallecimiento? ¿Debemos decir a nuestro hijo que se fue al cielo o que está de viaje? ¿Nuestro hijo debería acompañarnos al salón funerario? He aquí algunos consejos útiles.
Antiguamente, se exponía en la casa a quienes morían, por lo que los niños tenían más contacto con la muerte. Además, no era raro perder un hermanito o una hermanita pequeños. En la actualidad, los niños se codean con la muerte de manera virtual a través de los juegos video y las películas de acción. Tienen por lo tanto una relación paradójica con la muerte, que habrá que desmitificar con ellos.
¿Es necesario decirles la verdad? Sí, eso les permitirá enfrentar mejor la realidad. Como adultos, desearíamos proteger a los niños de los sufrimientos que el duelo trae aparejados. Sin embargo, por el contrario, lo que daña son las palabras no dichas y el silencio. Dígale las cosas tal como sucedieron, utilizando palabras que estén a su alcance, pero no esconda nunca la verdad. De eso depende la confianza que el niño tiene en usted.
¿Cuándo y cómo decírselo? Dígaselo lo antes posible, preferiblemente al mismo tiempo que a las personas más cercanas. Sentirá así que es un miembro de pleno derecho de la familia y podrá contar con el apoyo de los adultos que lo rodean.
Sus propias creencias le sugerirán quizás los elementos que puede utilizar para consolarlo. Por otra parte, si no es creyente, puede hacer una analogía con la muerte de su perrito o de su gato, si fuera el caso, o con la música, como lo hizo el autor Dale McGowan en un artículo aparecido en la revista L’Actualité, para explicar a su hija de seis años la muerte de su bisabuelo: “Cuando la orquesta deja de tocar, no hay más música. Nosotros somos la música que toca nuestro cuerpo, nuestras neuronas. Cuando el cuerpo se muere, dejamos de estar en él. La música no tiene miedo porque ella no está más en él, y no está triste tampoco. Pero se queda en nuestra cabeza y en nuestro corazón. Como el abuelo”.
¿Cómo ayudarlo a expresar sus emociones? En general, un niño en duelo tiene la tendencia a sentirse culpable de la muerte de la persona y puede temer que, “por contagio”, mueran otros miembros de su familia. Tranquilícelo, utilice un tono cariñoso y auténtico. Dígale que usted se va a ocupar de él, que no está solo y, en la medida de las posibilidades, mantenga la rutina cotidiana.
El niño que ha perdido a un ser querido tenderá a modelar su actitud según la de los adultos que lo rodean. Si usted se permite expresar su pena, le permitirá a su hijo hacer lo mismo, lo que es deseable y sano. El juego, el dibujo y la escritura pueden ser útiles para ayudarlo a expresar sus emociones. La lectura de un pequeño libro sobre la muerte es una buena manera de abordar el tema.
Si bien el niño siente las mismas emociones que un adulto, sus reacciones son sin embargo diferentes. Un niño no puede vivir mucho tiempo sufriendo. Continuará entonces con sus actividades de niño, jugará con sus amigos y verá su programa de televisión preferido. Eso no quiere decir que no se sienta afectado.
¿Debería asistir a los funerales? Sí, la participación del niño en el funeral le permitirá incorporar la realidad de la muerte. Propóngale que lo acompañe, pero no lo fuerce si no quiere hacerlo. Pero si decide ir, planifique una visita corta, ya que el funeral puede ser demasiado largo para él. Asegúrese de que pueda quedarse con alguien. Déjelo formular sus motivos y respete su decisión.
Tranquilícelo y dígale lo que ocurrirá. Por ejemplo, que el cuerpo del abuelo estará frío, que tendrá los ojos cerrados, que no se moverá y que estará acostado en un ataúd. Si estuviera en una urna, tendrá que explicarle, con palabras adecuadas para su edad, de qué manera entró en ella. Si fuera posible, llegue temprano al salón o a la iglesia para permitirle familiarizarse con la situación y hacer preguntas.
Los niños perciben la muerte de manera diferente según la edad
De 0 a 3 años
A esta edad, los niños consideran la muerte como una separación temporaria, puesto que la noción de permanencia no existe para ellos. Sentirán las emociones de duelo de quienes lo rodean y necesitará que las personas queridas lo tranquilicen y mantengan su rutina cotidiana.
De 3 a 5 años
Para el niño de esta edad, la muerte es reversible: uno puede estar muerto y volver a estar vivo poco después. Como tiene tendencia a sentirse culpable y responsable de esta desaparición, puede creer que, si es muy bueno, la persona que ha fallecido volverá o, a la inversa, temer que otros miembros de la familia mueran por su culpa. No le diga que la persona está dormida o que se fue de viaje, porque podría desarrollar el temor de acostarse o de viajar.
De 6 a 12 años
A partir de 6 años, el niño comprende que la muerte es irreversible y que todos moriremos un día. Pero cree que la muerte llega a una edad muy avanzada. Hacia los 9 años, el niño se da cuenta de que la muerte toca a todo el mundo, que es irreversible y que él mismo puede morir. A esta edad aparece la espiritualidad. El niño se pregunta lo que nos sucede después de la muerte y lo que le sucede al cuerpo.
El adolescente
El adolescente tiene la misma comprensión de la muerte que el adulto, pero sus reacciones son diferentes. Puede parecer poco afectado por la pérdida, puede esconder sus emociones o incluso reaccionar agresivamente. Es la edad de los cuestionamientos existenciales sobre el sentido de la vida y de la muerte. La presencia de amigos podrá aportar consuelo.
El período de duelo
El niño hace su duelo gradualmente, según las etapas de su desarrollo.
En un niño que está en duelo se observan diferentes manifestaciones: manifestaciones afectivas (llantos, caprichos, cólera, impaciencia, nerviosismo, angustia), físicas (dolores abdominales, dolor de cabeza, pelota en la garganta, pérdida o aumento de apetito, perturbación del sueño, regresión, mojar la cama, hablar como un bebé) y sociales (encerrarse en sí mismo, dificultades en la escuela, dificultades de aprendizaje, dibujos extraños, problemas de comportamiento, agresividad).
Si bien todas estas manifestaciones de duelo en un niño son normales, hay que vigilar su duración y su intensidad. No dude en buscar ayuda para apoyar a su hijo y trate de perpetuar ciertos rituales que el niño había establecido con el abuelo o la abuela.
Agradecemos a Solène Bourque, psicopedagoga, y La gentiane, un sitio de ayuda mutua para las personas de duelo.
Recursos para ayudar a su hijo
• La Maison Monbourquette dispone de un repertorio de recursos que podrán ayudarlo en su búsqueda.
Un grupo de apoyo organizado por la asistente social Josée Masson.
• Pequeña guía para padres no creyentes
Este documento, publicado en la revista L’Actualité, cita a Dale McGowan, fundador del colectivo Parenting Beyond Belief.
Estos consejos están dirigidos directamente a los jóvenes.
Algunos libros que pueden ayudar
• Le Deuil. Y’a pas de mal à être triste, Michaelene Mundy, Éditions du signe, 2003
• Émilie a perdu sa mamie, Claire Foch, Éditions Enfants Québec, 2008
• Le petit livre de la mort et de la vie, Delphine Saulière, Bayard jeunesse, 2005
• La mort : j’en parle avec mon enfant, Michel e Isabelle Hanus, Éditions Nathan Fernand, 2008
• Des souvenirs pour la vie, Josée Jacques, F.P.R., 2003
• Un baume pour le cœur, Josée Jacques, Corporation des thanatologues du Québec, 2005
• Quand le deuil survient: 80 questions et réponses, Régnier y col., editor: Sciences et culture, 2000
• Derrière mes larmes d’enfant, la mort et le deuil me font mal, Josée Masson, Éditions Ressources, 2006
Rédaction : NosRituels.com
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